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desvestirse

Él la veía desvestirse cada noche, antes de irse a dormir.
La espiaba a través de la pequeña rendija de la puerta que ella dejaba abierta. No le gustaba el encierro.
Él se deleitaba mientras la piel de ella se descubría poco a poco. Era el momento más doloroso del día y a su vez el más mágico. Las telas de su ropa se deslizaban suavemente por la tersa piel de ella casi en cámara lenta. Él aguantaba la respiración y tensaba cada uno de sus músculos, inmovilizándolos, rogando que no lo delataran que el encanto de ese momento no se rompiera.
Todo ésto sucedía sin saber él que mientras ella se desnudaba, lo único que deseaba era que él la tocara. Se imaginaba sorprendiéndola distraída al colocar sus manos en su cintura mientras le besaba el cuello. Sus manos subiendo, acariciando cada centímetro de su piel y a su vez despojándola de su ropa. Lo hacía suavemente, besándola hasta dejarla totalmente desnuda. Después la llevaba hasta la cama en brazos para hacerle el amor de las formas más placenteras.
Pero todo eran meras ilusiones, amor prohibido.